Historia de la Danza

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HISTORIA EXTENDIDA DE LA DANZA ORIENTAL (DANZA DEL VIENTRE)

A través de este artículo viajaremos por distintos links a diversos videos y enlaces de wikipedia donde podemos ampliar la información, aunque para leer algunos de estos enlaces en Español (ya que proceden de fuentes en inglés) debemos esperar unos segundos para que la traducción se produzca (podéis ver el progreso de la traducción en la esquina superior derecha). Dicho esto, comencemos con el viaje fascinante de la Danza Oriental a través de su extensa historia.

Pero antes de adentrarnos en la antropología de esta maravillosa danza, creo que sería necesario hablar de la terminología usada para designarla, ya que a veces genera confusiones entre los más profanos en la materia.

Veamos que nombres adopta en distintos países:

En Egipto se la conoce como “Raks Sharki“, que significa “la danza que vino del este” atribuyendo hoy este nombre a la danza clásica oriental, diferenciándola del “Raks Baladi” (o danza del pueblo), que es cómo bailan las mujeres autóctonas, centrándose más en los movimientos pélvicos, lejos de los grandes desplazamientos y de la sofisticación que podemos apreciar en el “Raks Sharki”.

En Turquía se conoce como “Göbek Dans” (Danza del Vientre) o “Rakasse” y en Grecia como “Ciftetelli” (que también es el nombre de un conocido ritmo).

En Francia se la designa “Danse du ventre”, en Alemania “Bauchtanz” (que literalmente significa lo mismo), en los países de habla inglesa se conoce como “Oriental Dance” (Danza Oriental) o “Bellydance” (Danza del Vientre) que es la más usada, y en Latinoamérica la llaman “Danza Árabe”.

Como podemos apreciar, “Danza del Vientre” es la denominación más popular en casi todos los idiomas, aunque también se usan con cierta normalidad los términos “Danza Oriental” y “Danza Árabe”. En realidad, todos estos nombres son sinónimos, pero unas denominaciones son más correctas que otras. Veamos por qué:

“Danza del Vientre” es la denominación popular que recibió de los franceses en el S. XIX, en la  Exposición Universal realizada en Paris en 1889, acuñada entonces como “Danse du ventre”. Desde mi punto de vista, es un nombre restrictivo que reduce esta danza al movimiento de una sola parte del cuerpo, cuando es muchísimo más compleja.
Tampoco es demasiado correcto definirse a ella como “Danza Árabe”, ya que también tiene influencias de culturas muy anteriores como la faraónica, fenicia, turca, nubia o la bereber.
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Aunque en España también se ha hecho conocida como “Danza del Vientre”, (ya que el nombre tiene un buen enganche comercial) en la actualidad, la mayoría de profesionales se refieren a ella como Danza Oriental; Aunque de hecho, a veces esta denominación se presta a confusión, ya que la danza china o india, también responderían a la calificación de “Oriental”.) Personalmente, considero que es el término más acertado, ya que ésta danza tiene influencias de algunas de estas culturas, como veremos más adelante. Dicen que el término “Oriental” se acuñó en el siglo XX para dignificar más esta danza, aunque no sabemos con seguridad cuando empezó a usarse.
Así que, una vez matizada la terminología, vamos a ahondar en lo que realmente nos interesa: su origen y evolución.
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La Danza se considera una de las más antiguas artes junto con la música, pues el ser humano las ha percibido siempre de una manera instintiva, y la Danza Oriental es una buena muestra de ello.

Miles de mujeres y hombres de todas las épocas se han  sentido empujados a utilizar el círculo en sus danzas, representando con sus cuerpos las formas ya existentes en la naturaleza, como los movimientos de rotación y translación de los planetas (como los círculos de cadera) quizás sintiéndose empujados por ciertos arquetipos inherentes en el inconsciente colectivo, a través de los recién descubiertos campos mórficos. Eso explicaría las extraordinarias similitudes en las danzas (y costumbres) de pueblos muy distantes entre sí, así como su prolongación en el tiempo de una forma más o menos parecida.

De hecho, a través de diversas estatuillas de barro muy antiguas, podemos intuir perfectamente muchos movimientos básicos de la danza oriental, tal y como se representan hoy en día. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo han perdurado esos movimientos tanto tiempo de una forma casi inalterada? ¿Porque los pueblos siempre siguen ciertos patrones en sus danzas?

Muchas de nosotras nos hemos preguntado hasta la saciedad, cómo serían realmente esas danzas prehistóricas y qué similitudes tendrían con las danzas actuales. Pues bien, es más que posible que se parecieran mucho más de lo que creemos. Gracias a los estudios del biólogo Rupert Sheldrake acerca de los campos mórficos, podemos encontrarnos más cerca de la respuesta.

Este científico afirma en su obra “Una nueva ciencia de la vida” que cada hecho, acción, o creación de cada especie (humana, animal o mineral) forma o refuerza una suerte de “memoria inherente” en el espacio del universo, así que esto podría alterar otro hecho dado, en un tiempo futuro sobre elementos similares. Para comprenderlo mejor, alejémonos de las definiciones científicas y expongámoslo con un ejemplo real:

Un extraño fenómeno ocurrió con los macacos de la isla japonesa de Koshima. Cuando en 1952, un grupo de científicos de la isla que alimentaba a los monos con batatas sucias, notaron cómo una de las hembras llamada “Imo”, comenzaba a adoptar el hábito de lavar la comida en un arroyo. Los científicos se sorprendieron al observar con qué rapidez los demás miembros de la isla también aprendían el truco. En pocos años, todos los macacos de la isla, habían aprendido a quitar con agua, la arenilla y suciedad de las batatas. Sin embargo, el fenómeno dio un salto espectacular cuando los científicos notaron al cabo de seis años que, con igual énfasis, los monos del continente (que no tenían contacto alguno con los monos de la isla) también comenzaron a lavar sus alimentos antes de ingerirlos.

Para Sheldrake, este comportamiento, responde a un mismo orden de sucesos: La acción de lavar batatas de un mono surge como un patrón o “campo mórfico” preexistente ya en el universo, así que cuando un segundo mono lo realiza, la acción es más “instintiva” en la especie. Si los siguientes monos decidieran intentarlo, el campo mórfico correspondiente a “lavar batatas” sería usado y a la vez reforzado por tales acciones, y así, un mono que no estuviera en contacto físico con otro de su misma especie, podría conectar su comportamiento con el de sus iguales, mediante el campo mórfico universal.

En palabras del propio Sheldrake, “Cada especie animal, vegetal o mineral, posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de  la especie. Si un animal aprende un nuevo truco en un lugar, por ejemplo, una rata en Londres, le es más fácil aprender a las ratas de Madrid el mismo truco. A cuantas más ratas londinenses se les enseñe ese truco, más fácil y rápido les resultará a las ratas de Madrid (o de otros lugares) aprenderlo también”.

La teoría de Sheldrake, brillante y revolucionaria, ha sido considerada “de tanta repercusión como la teoría de la evolución de Darwin”.

Si extrapolamos estos conocimientos a la danza, el asunto queda bastante claro. Cada movimiento realizado por un ser humano, aporta un nuevo refuerzo al “campo mórfico de la danza”, de manera que las generaciones posteriores o culturas muy alejadas entre sí, pueden captar intuitivamente a través de los “campos mórficos”, los avances que hacen otros individuos al respecto. Esto explicaría las similitudes y los patrones repetitivos en distintas danzas a lo largo de la historia. Así que, como podemos ver, no hay nada nuevo bajo el sol.

* Artículo extendido sobre los campos mórficos

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La Danza Oriental,  ha sido en primer lugar sagrada y posteriormente popular. Ha pasado por épocas de florecimiento y decadencia, a veces casi relegada al olvido. En su pasado más reciente ha sido tradicionalmente folklórica, totalmente improvisada, pero poco a poco, ha ido evolucionando hasta las sofisticadas coreografías actuales. Veamos cómo ha ido desarrollándose a través de la historia y qué manos han ido influenciando en ella:

ETAPA PRIMITIVA

(Para ver la datación de las figuras, pasar el ratón por encima de la imagen)

Algunos de los movimientos básicos de la danza oriental están sugeridos en las figuras humanas halladas en restos de cerámica antigua de hasta 8.000 años de antigüedad. El origen se pierde en la memoria del tiempo.

La mayoría se han encontrado en Oriente Medio, y muchas de ellas en la antigua ciudad de Ur (Mesopotamia. Irak en la actualidad) cuna de la civilización y supuesto lugar de origen de la Danza Oriental (aunque en mi modesta opinión, como observadora minuciosa de la antropología, creo que la cuna de la civilización se remonta mucho más allá de la antigua Mesopotamia).

En tiempos remotos, difíciles de precisar con claridad, existían sociedades matriarcales en las que se adoraba a la Divinidad bajo la forma de DIOSA-MADRE, ensalzando  de una manera casi mágica, la capacidad de las mujeres para crear vida. La Diosa Madre ha sido representada en distintas épocas y culturas bajo diferentes nombres: Afrodita, Artemisa, Astarté, Atenea, Ceres, Cibeles, Hathor, Hera, Hestia, Ishtar, Isis, Parvati, Venus y muchos otros que ahora no recuerdo. Los arqueólogos datan el inicio del matriarcado más o menos en el 12.000 a.C., pero se han encontrado figuras de caliza como la Venus de Willendorf (en la imagen), que sobrepasa el 20.000 a.C.

Allí se cree que comenzaron a desarrollarse las danzas de la fertilidad en las que se recreaba simbólicamente el movimiento de la mujer en el alumbramiento (bruscos movimientos de cadera, contracciones musculares, así como los movimientos ondulantes, recuerdan las reacciones del cuerpo de la mujer en el momento del parto). En algunas culturas, las mujeres rodeaban a la parturienta bailando a su alrededor, para infundirle la energía y la sabiduría necesaria durante el parto. Desgraciadamente, siglos después, el Cristianismo y el Islam se encargaron minuciosamente de destruir los rituales del culto a la Diosa Madre, cuando pasaron a dominar el Oriente Medio en el siglo IV y VII respectivamente, pero no adelantemos acontecimientos.

+ info sobre las Diosas Madres
Hay trabajos muy interesantes sobre el tema del matriarcado (en inglés) de la ya desaparecida historiadora Marija Gimbutas (esperar unos segundos para que se traduzca al español) – Libros de la autora en Amazon
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ETAPA FARAÓNICA

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Antes de entrar en la materia que nos ocupa, me permitiré la licencia de ahondar un poco sobre los orígenes más heterodoxos de esta impresionante civilización, ya que esta etapa es sin duda una de las más fascinantes de la historia: La lejana y misteriosa época faraónica.

Nadie sabe con certeza sus orígenes. Hay renombrados autores (cuyos trabajos merecen la misma credibilidad que los defensores de las teorías predominantes) que sitúan sus ancestrales conocimientos en culturas muy anteriores, como la que floreció en el mítico continente Posidonis (más conocido como Atlántida) que se hundió sobre el 12.000 a.C.

Hay numerosas menciones en cientos de escrituras antiquísimas que apoyan esta teoría, incluso se han encontrado mapas muy antiguos que señalan dos continentes que a día de hoy, ya no existen (Lemuria y Atlántida). Ya el conocido filósofo Platón nos habló de la Atlántida, en su obra “Timeo y Critias” y numerosas sabidurías aborígenes de todo el mundo también cuentan  estos mismos relatos en sus tradiciones orales (aborígenes australianos, indios hopi, maoríes, polinesios…) por no hablar de las Sagradas Escrituras de la India (Ramayana), la Biblia, e infinidad de escrituras tibetanas, chinas….) ¿Todos ellos están confundidos o es que en nuestros escasos 2.000 años de historia, pretendemos barrer con nuestras teorías, toda la sabiduría ancestral del planeta?

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Simplemente estudiando la Gran Esfinge de Gizeh (mal atribuida a Kefrén, que simplemente la desenterró y la restauró, poniendo en ella su rostro), muchos científicos e investigadores han llegado a la conclusión de que es mucho más antigua que el resto de construcciones que la rodean, y sitúan su construcción más allá del 10.000 a.C, y no se la atribuyen precisamente a los egipcios, sino a una cultura anterior, aunque claro está, esto choca frontalmente con el “stablishment” arqueológico actual. De hecho, es bastante sospechoso que la civilización egipcia surja ya con un máximo esplendor en todas las ciencias y las artes, sin ningún período evolutivo previo, a no ser, claro está, que heredara de culturas anteriores tan sublimes conocimientos, algunos de los cuales, siguen siendo un misterio hoy en día.

+ info sobre los continentes perdidos – Extraordinario libro: Las ciudades perdidas de Lemuria del investigador David Haycher Childress. Fascinante investigación para quién quiera saber más sobre este apasionante tema.m

Así que, después de tan fascinantes reflexiones, podríamos intuir en las ancestrales danzas faraónicas, ecos de culturas infinitamente más lejanas, haciendo de esta magnífica danza, una de las más antiguas del planeta. Dicho esto, volvamos a la tierra de los faraones y veamos las danzas que allí encontramos.

En esa época de esplendor, la danza se hallaba dentro de un marco ritual-mágico-religioso donde todavía se conservaban abundantes vestigios del culto a las diosas madres, como por ejemplo a la diosa Isis. Se han encontrado centenares de papiros, relieves y estatuillas con variadas escenas de música y danza, donde se muestran  sacerdotisas oficiando mágicos rituales, con una corte de músicos y de bailarinas semi-desnudas acompañando a los mismos. Es importante remarcar que en el antiguo Egipto, la desnudez tenía un carácter religioso y sacro, así que seguramente en estos casos, debía tratarse de bailarinas de los templos. Otras veces, las podemos observar luciendo unas prendas interiores de dos piezas, parecidas a nuestro conocido biquini; otras en cambio, aparecen ataviadas con telas plisadas semi-transparentes, que recuerdan mucho a las alas de isis utilizadas hoy en la danza, inspiradas obviamente, en la sublime diosa de esta lejana época faraónica.

En aquellos remotos tiempos, podíamos distinguir no sólo las danzas de carácter sagrado que se ofrecían siempre en honor a un dios, sino también las danzas laicas que se oficiaban en banquetes, bodas y funerales, y por supuesto, las danzas populares, donde normalmente se realizaban en palacios o en casas particulares; en estas últimas, al ser más informales, debía reinar más la improvisación y la espontaneidad.

Aunque no todas era así. Muchas de las danzas representadas eran impresionantemente acrobáticas, donde gráciles bailarinas doblaban sus delicados talles hacia atrás rozando el suelo,  y realizando todo tipo de piruetas y figuras geométricas imposibles. La mayoría de estas danzas parecen estar perfectamente organizadas y sincronizadas. Así que, partiendo de una escrupulosa observación de la infinidad de imágenes que nos han llegado a través de numerosas esculturas y relieves, podríamos descartar casi con absoluta seguridad, la hipótesis de que las danzas faraónicas eran improvisadas.

Así que podríamos hablar de las coreografías de la antigüedad, donde seguramente tenían un principio, un cuerpo y un final, con una música y unos pasos determinados para cada una de estas partes, igual que en la actualidad. Unas coreografías, en las que cada movimiento seguramente tenía un significado y una razón de ser. Unos bailes preparados y ensayados, quizás hasta la saciedad, para ensalzar en su mayor plenitud las ceremonias que acompañaban, y haciendo gala una vez más, de la perfección tan característica de la época faraónica.

Egyptian Splendor 1927Este período dorado de la historia egipcia, terminó tristemente su dominio con la derrota de Cleopatra y Marco Antonio, tras la conquista romana el 30 a.C, bajo la mano de Octavio Augusto, futuro emperador de Roma.
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ANTIGUA GRECIA (1.100 a.C – 146 a.C)
Y LA ANTIGUA ROMA (Siglos anteriores a Cristo)

En Grecia la danza también fue muy importante y destacada. Los antiguos griegos la consideraban de origen divino al igual que la música, y conformaba una especie de lenguaje utilizado para expresar sus emociones y sentimientos más profundos, poniendo más énfasis en la fuerza de la caracterización, que  en la perfección de la interpretación. Al igual que la música, la danza estaba presente en los momentos más significativos de la vida de los griegos; acompañaba los banquetes, matrimonios y funerales. También las composiciones literarias, como las comedias y las tragedias, incluían la representación de varios tipos de danza.

Muchas danzas de la época tenían un carácter religioso, como la danza pírrica (ver imagen), que estaba acompasada por el ruido de escudos militares, y se ejecutaba en honor de Atenea, diosa de la guerra; en Delfos, consagrando al dios Apolo, se realizaban danzas que imitaban el vuelo de las grullas, recordando al héroe Teseo saliendo del laberinto de Minos, después de derrotar al Minotauro; o las danzas frenéticas dedicadas a Dionisio, dios del vino, que eran acompañadas por fuertes percusiones para llevar a los danzantes al éxtasis. En la Ilíada de Homero se habla también de diversas danzas circulares, presentes siempre en todas las culturas antiguas.

También en la antigua Grecia y en Roma, se realizaban danzas de la fertilidad basadas en la rotación de caderas y vientre. Algunas de ellas se realizaban en honor a las diosas. Muchas de estas divinidades provenían del este, en particular de Siria y Turquía. En Chipre, lugar de nacimiento de Afrodita (diosa griega del amor y la fertilidad), las mujeres realizaban danzas rituales eróticas acompañadas de cantos y percusión, mediante las cuales se ponían en trance. Esto les permitía entrar en contacto con la energía de la diosa, y que ésta les pasase todo su poder.

Pero no todo fue siempre tan idílico, dándose a veces situaciones bastante paradójicas como por ejemplo, en la ordenada sociedad espartana, dónde a pesar de rechazar ardientemente todas las expresiones artísticas, la música y la danza eran consideradas de gran valor, pero ésta percepción terminó empañándose con la llegada de la dura reforma militar del siglo VI a.C., dónde cultivaron ante todo el poderío bélico y descuidaron por completo cualquier forma de arte.

En Roma pasó más o menos lo mismo. En un principio la danza fue practicada y admirada también como un verdadero prodigio, al igual que sus vecinos griegos, incluso desarrollaron otra forma de danza llamada pantomima, en la cual los danzarines contaban historias sin decir una sola palabra, utilizando únicamente su cuerpo. Sin embargo, este entusiasmo inicial por la danza desapareció muy rápido, ya que Roma fue un pueblo guerrero, que se distinguió por la conquista de países y la obtención de riquezas, considerando que las artes, no les ayudaban mucho a lograr tales propósitos.

En el 150 a.C. se cerraron las escuelas de danza porque decían los “iluminados” de la época que eran un peligro social (¿?); supongo que cualquier cosa que diera un poco de libertad lo era. En los años posteriores la cosa tampoco mejoró, ya que la llegada de la iglesia no allanó el camino precisamente, mostrándose casi siempre hostil y restrictiva, como veremos más adelante.

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SALOMÉ Y SU DANZA DE LOS SIETE VELOS
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Esta referencia a la danza, por todos conocida, tiene elementos verdaderos y otros más metafóricos. Es un hecho histórico demostrado que Salomé y su danza existieron, pero no así la referencia a los siete velos. La historia se desarrolló como sigue:

En esos tiempos, Jesús, todavía no había comenzado su vida pública cómo predicador de la verdad. En su lugar, estaba Juan “el Bautista” revolucionando a todos con sus profecías mesiánicas, sus bautizos multitudinarios y sus discursos sobre el fin del mundo. Realmente causó un enorme revuelo.

Herodes, gobernador de Perea y Galilea, apresó y encerró a Juan, ya que en sus prédicas, a pesar del revuelo mesiánico, no deseaba muy buena vida a los romanos. Herodes por su parte, temía liberarlo por temor a que provocara una rebelión. También temía ejecutarlo por miedo a que la multitud se amotinara en la capital, pues la gente lo tenía por santo y por profeta.

Además, Juan era víctima también de un odio intenso y amargo por parte de Herodías (mujer ilegítima de Herodes. Para ser más concretos, su cuñada), la cual tenía una bella hija: Salomé.

Juan le reprochaba vigorosamente que conviviera con Herodes, a pesar de estar casada con Filipo, que era el hermano de éste.

Para celebrar su cumpleaños, Herodes organizó una gran fiesta en su palacio de Macaerus. Cómo Herodías no había logrado llevar a cabo la ejecución de Juan pidiéndoselo directamente a Herodes, medió un astuto plan para darle muerte.

Herodías, aprovechando el festejo,  presentó a su bella hija para que bailara para los comensales. Salomé bailó y todo el mundo quedó hipnotizado con las artes de la bella joven. Herodes quedó tan complacido que le prometió que le daría lo que gustase, aunque fuera la mitad de su reino. La joven, viendo que Herodes estaba bajo el influjo de todo lo que había bebido, se retiró para pensar qué debía pedirle. Así, Salomé, envenenada por el consejo de su madre, pidió a Herodes la cabeza de Juan el Bautista, que todavía se hallaba preso. Herodes, aunque lamentó el deseo de la joven, mantuvo su promesa y mandó decapitar a Juan, trayéndole la cabeza en una bandeja. Salomé la tomó y se la entregó a su madre.

Salome por Jean Leon GeromeTriste historia, sin duda, para una mítica danza. ¡Quien pudiera viajar en el tiempo para ver en vivo a Salomé bailando!!!! La verdad, no sabemos qué tipo de danza realizó.

Lo que sí sabemos es que no hay constancias escritas fidedignas que mencionen lo de los siete velos. Personalmente, creo que es posible que sea un añadido posterior, seguramente con algún tinte filosófico o iniciático, teniendo en cuenta que el número siete siempre ha tenido un carácter mágico y divino.

Todo apunta a que la atribución de los siete velos, y su relación de éstos con la danza oriental, proviene de la mitológica historia de Innana (o Ishtar), diosa babilónica del amor y la guerra, de la vida y la fertilidad. Una representación más de la Diosa Madre. Veamos su historia:

Cuenta la leyenda que al morir su primer esposo (que también era su hermano), llamado Tammuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a la hermana de éste, la terrible Ereshkigal, el poder sobre la vida y la muerte y poder resucitar así a su amado.

Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, Ishtar descendió a la tierra. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Con pasión y determinación, cruzó los siete vestíbulos del submundo, y en cada uno de ellos era despojada de una de sus pertenencias: un velo o una joya (según las versiones). Pero al irse despojando de sus prendas, con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereshkigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo.

Con su muerte, todo comenzó a languidecer, ya que era la Diosa de la vida y la fertilidad. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar, con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a vivir, pero tuvo que pagar un precio: durante seis meses al año, Tammuz (su hermano y marido) debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Ishtar debe sentir el dolor de la pérdida (mostrándose así el invierno); en primavera, Tammuz resurge de entre los muertos y todo se llena de gozo, debido a la desbordante alegría de Ishtar, al recuperar a su amado.

Una bella historia, en la que vemos claramente las alusiones a las estaciones del invierno y la primavera, pero su significado y propósito no terminan ahí. Iniciáticamente, las mitologías siempre revelan uno o varios conocimientos ocultos de carácter arquetípico/psicológico a través de los símbolos utilizados en sus bellas y a veces desconcertantes historias.

El velo siempre ha representado lo oculto, en este caso, las cosas que nosotros ocultamos de nosotros mismos. Ishtar, por amor, se despoja de los velos que la protegen (y que al mismo tiempo la aislan), y al dejar caer las prendas, revela sus verdades ocultas y al hacerlo, consigue reunirse con su amor. En otras palabras, para alcanzar el amor incondicional, el amor verdadero, uno debe hacer el sacrificio de despojarse de todo aquello que uno no es, de todas las cosas superfluas que en realidad obstaculizan el camino hacia el conocimiento de uno mismo, y en consecuencia, hacia el amor.

Verdaderamente, es muy probable que la historia de Ishtar (o Innana) haya tenido que ver bastante con la errónea adjudicación de los siete velos a Salomé y por ende, a la danza oriental, aunque nadie lo sabe con seguridad, ya que hay otros mitos que pueden haber influido también, alejando así el relato de la realidad.

Además, el teatro, la ópera y el cine han ayudado mucho a que esta ficticia idea se haya prolongado en el tiempo. En 1891, a través de la obra Salomé” de Oscar Wilde, la danza de los siete velos llegó al conocimiento popular de una manera apabullante. Más adelante llegó la escandalosa opera “Salomé” de Richard Strauss, presentada en Chicago en el 1905. La puesta en escena causó tanta indignación en el Metropolitan Opera House de Nueva York, que tuvieron que cancelarse las representaciones posteriores. Sin embargo, la ópera fue exitosa en otras partes del mundo. Su estreno en España fue demoledor; la interpretacion de Salomé por la conocida Margarita Xirgu, dejó sin palabras a la audiencia de la época. La obra se representó por primera vez el 5 de febrero de 1910 en el Gran Teatro Liceo de Barcelona, y fue tratado por la crítica de una forma espectacular. Aquí podéis ver el extraordinario artículo que le dedicó el conocido periódico “La Vanguardia” (1ª columna por la izquierda, al final de todo).

Margarita Xirgu en Salomé

Posteriormente, cómo no,  Salomé y su danza de los siete velos acabó consagrándose en el celuloide bajo la idealización y mitificación de Hollywood, con su particular idea de oriente, sin demasiado rigor histórico. Entre casi 50 films dedicados a esta figura, podemos destacar la Salomé representada por Theda Bara en 1918 o la interpretada en 1953 por la bella Rita Hayworth.

Rita Hayworth en Salomé

Pero retrocedamos de nuevo en el tiempo, y volvamos al orden cronológico de los hechos, para tener una visión lo más acertada posible de cómo fue desarrollándose y evolucionando la maravillosa danza que nos ocupa.

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SIGLO I – IV D.C.
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En el siglo I d.C. hay los primeros (y casi únicos) testimonios al respecto, de la mano del escritor hispanorromano Marcial, que describe la curiosidad que le provocaba la danza de las bailarinas fenicias, llegadas al puerto de Gades, que  movían los músculos del estómago permaneciendo totalmente rígidas.

A partir de aquí llega una época de oscurantismo, ya que apenas hay referencias escritas sobre esta danza. Supongo que fue un momento histórico en el que las artes en general sufrieron un gran declive, ya que fueron tiempos de guerras, conquistas, miedo y hambre, con poco tiempo para cultivar todo lo demás, aunque estoy segura de que la música y las danzas, siguieron presentes siempre en la intimidad de las celebraciones privadas, y en el seno de algunas celebraciones religiosas, aunque durante unos cuantos siglos nadie se hiciera eco de ello.

Además, la aparición del cristianismo no mejoró la situación. A principios de siglo IV, el emperador Constantino empieza a sacar el cristianismo de la clandestinidad y en el 313 d.C. a través del Edicto de Milán, el emperador decretó la libertad de culto para los cristianos (hasta entonces perseguidos) y el fin del paganismo como religión oficial del Imperio (a la que curiosamente, él había pertenecido durante casi toda su vida).

Recordemos que en el paganismo siempre se han ofrecido rituales a los diferentes dioses y diosas, en los que la música y la danza siempre han sido primordiales. Al ser desplazadas estas prácticas religiosas, indirectamente también se condenó las artes que las acompañaban. Algunos de los más destacados representantes del cristianismo como San Agustín de Hipona (354-430 d.C) condenaron y persiguieron abiertamente la danza.

Pero a pesar del autoritarismo e influencia de San Agustín, otros padres importantes de la iglesia que le sucedieron, intentaron incorporar de nuevo algunas danzas en los rituales cristianos, y con éxito, lograron integrar inicialmente diversas danzas en las celebraciones estacionales. Así que por consiguiente, al cambiar la iglesia positivamente su manera de ver la danza, muchas  comunidades volvieron a practicarla (abiertamente).

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SIGLO V – VI D.C.

LAS MIGRACIONES GITANAS

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Esta parte de la historia es de vital importancia para comprender muchas de las fusiones e influencias de otras culturas en el desarrollo de la danza y la música oriental, como veremos a continuación.

La danza del vientre, ligada casi siempre al país de los faraones, de hecho, es una danza mestiza donde las haya. Muchos de sus movimientos básicos los encontramos también en infinidad de antiguas culturas. Aunque la mayoría de la gente en esos tiempos, no solía viajar demasiado y moría normalmente en el mismo lugar de procedencia, y a pesar de no disponer de los avanzados medios de transporte de hoy en día, el desplazamiento de personas era bastante frecuente en la antigüedad, bien para ampliar relaciones comerciales, bien a causa del tráfico de esclavos de procedencias muy dispares, que se trasladaban continuamente de una región a otra; así que la mezcla cultural estaba servida.

Pero en el siglo V  comenzó una gran migración que destacó sobre las demás con diferencia. Una serie de pueblos nómadas procedentes de lo que fue el Valle del Indo (Norte de la India) comenzaron un largo exilio a otras tierras en sucesivas olas migratorias. No hay ninguna prueba concluyente que nos dé una pista sobre las circunstancias históricas que provocaron la migración. Quizás fue el hambre, las guerras, la persecución social o una mezcla de todas ellas.

Estas sencillas gentes se ganaban la vida con el pastoreo y la artesanía (fabricando cestos, trabajando el metal…) pero ante todo a través de sus dotes para la danza y la música.

Para hacernos una idea cercana de cómo eran esos pueblos nómadas, podemos echar una mirada a la actual tribu Kalbhelia de Rajasthan (India), que sigue con sus costumbres ancestrales y con su tipo de vida, desde tiempos inmemoriales. Aquí tenéis una muestra de su danza, también llamada Kalbhelia (La niña que baila contaba solo con 14 años de edad). Pueblos parecidos a este, junto con otras tribus de las zonas colindantes, fueron los que un día cogieron sus pocas pertenencias  y emigraron de sus tierras en busca de una vida mejor.

Estas caravanas a lo largo de los años, fueron estableciéndose en distintos lugares del globo, mezclándose con la cultura y las artes de los países que encontraban por el camino y añadiendo sus propias aportaciones culturales, creando una mezcla única. De ellos se dice que han influenciado en la música y la danza de muchos lugares. Muchos expertos señalan también, que de ellos evolucionaron la mayoría de pueblos gitanos que habitan en el mundo.

Hace 200 años se descubrió, de hecho, que la lengua romaní (lengua propia del pueblo gitano) es un dialecto con raíces provenientes del sánscrito y del hindi, altamente corrompido ya, con palabras de varias lenguas europeas.

En muchos países existen representantes de una ola migratoria gitana más reciente, originaria de la Europa Oriental (Hungría, Rumanía, Rusia, Bulgaria…) hace más de 100 años, que se llaman a sí mismos “Rom” o “Roma”.

La palabra “Rom” (a pesar de lo que se cree) no tiene nada que ver con Rumanía, sino que significa literalmente “hombre” o “marido”. En romaní armenio es “Lom”, en romaní sirio y persa “Dom”. Todos ellos tienen una correspondencia exacta con el sánscrito “Dômba” y con el indio moderno “Dom” o “Dum”, que hace referencia a una determinada aglomeración de tribus. En sánscrito esta palabra tiene el sentido de “hombre de baja casta que se gana la vida mediante el canto y la música”.

Existen referencias a los dom como músicos, que se remontan al siglo V. El historiador árabe Hamza de Ispahán cuenta que el monarca persa Bahram Gur, (cuyo reino terminó el 438 d.C) persuadió al rey de India para que le enviase músicos. Doce mil de ellos fueron distribuidos por las distintas partes del reino persa, y con el transcurso del tiempo, el número de ellos creció. “Sus descendientes”, anotó Hamza “todavía están allí, aunque en número reducido”.

Aquí hay una muestra de los lugares que formaron parte de este largo exilio, que se sucedió de forma gradual a lo largo de 15 siglos aprox. partiendo inicialmente de la India hasta:

  • Afganistán, Persia y Armenia
  • Desde allí a Turquía, Europa, Hungría y Transilvania.
  • Otros siguieron al sur hasta Egipto y otros lugares de África.
  • Otros se desviaron al norte, hacia Escocia, Inglaterra y los Países Escandinavos.
  • También muchos gitanos Rom, se hallan en Sudamérica

Centrándonos en sus aportaciones a la música y el baile, podemos encontrar su influencia en diversas artes, como por ejemplo en el flamenco; que aunque alcanzó su auge y popularidad en el sur de España, es innegable ver por ejemplo, que el cante jondo y la danza flamenca, tienen marcadas reminiscencias de los árabes; y éstos a su vez, heredaron muy posiblemente diversas influencias de estos pueblos venidos de la India. De hecho, el taconeo de este arte considerado tan español, recuerda mucho al “Kathak” (danza clásica del norte de la India) justo de donde provenían las primeras migraciones). De hecho, muchos consideran que las raíces de la danza flamenca provienen de aquí. Muestra 1 – Muestra 2 (ver hasta el final)Muestra 3. Incluso hay espectáculos que combinan ambas disciplinas. Muestra 1Muestra2Muestra 3

Las influencias y estilos son muchos y muy variados. Si miramos hacia los países del este, veremos que las danzas zíngaras siguieron una dinámica diferente, aunque el movimiento frenético de pies, sigue siendo un elemento que vuelve a repetirse. Los gitanos Rom de estos países dan buena muestra de ello: Muestra 1. Muestra 2. Los dos siguientes videos dejan ver unas danzas menos improvisadas y con un estilo más depurado, pensado para mostrar en teatros, aunque siguen conservando la fuerza y pureza originales: Muestra 3. Muestra 4. (Exhibición masculina. Buenísimos!)

Las danzas gitanas en Rusia son muy parecidas, aunque se caracterizan por comenzar con un ritmo lento o moderado, donde predominan los movimientos de brazos, hombros y falda. En la mayoría de los casos la danza se va acelerando a medida que evoluciona, terminando con una música muy rápida y trepidante como en la “Kalinka“. Aquí os dejo algunos videos de Muestra 1Muestra 2 - Muestra 3. Sin la famosa danza gypsy “Tsiganochka” en Rusia, no existe ninguna fiesta o matrimonio. El ritmo abrumador hace saltar de la silla a las personas sin distinción de edad, educación o profesión.

+Info: Estupenda película (musical) sobre los gitanos en Rusia en el siglo XIX. – Video 1Video 2

Las influencias de estas gentes, también se aprecia enormemente en Turquía, por ejemplo, donde sus danzas se caracterizan también por su movimiento de faldas con el típico ritmo karshilama.

693381708Los gitanos Rom que allí habitan,  han influenciado enormemente la danza y la música de este país;  “Roman Havasi” es la danza que los representa. Los siguientes videos no pertenecen a gitanas reales (aunque son bailarinas turcas)  y son excelentes muestras de este estilo tan característico de este país, donde abundan los movimientos de brazos y pelvis. Muestra 1Muestra 2Muestra 3

Egipto, tampoco se libró de las influencias gitanas. Allí se hicieron muy conocidas las “Gawazi”, que significa literalmente “forasteros o invasores”. Aunque hay muchas y muy variadas teorías acerca de su auténtico origen, lo que es bastante claro es que eran de procedencia gitana, probablemente pertenecientes a los “Nawar”, descendientes directos de los gitanos “Rom” anteriormente mencionados, que emigraron al sur de Egipto en la época medieval. Aunque con el paso del tiempo, estas cabilas gitanas que se afincaron en el Alto Egipto, representaban ya, una mezcla diversa de razas bastante alejadas de sus verdaderos orígenes.

Hay que recordar que el nombre utilizado  en Egipto para designar la danza oriental es “Raks Sharqi” que significa literalmente “la danza que viene del este”, muy posiblemente haciéndose eco de esos pueblos nómadas que llegaron precisamente desde esa dirección; pueblos, que al haberse desarraigado de la India después de tantos siglos y debido a su estilo de vida móvil, su identidad cambiante se hizo inevitable. Su etnicidad iba a ser moldeada por multitud de influencias, asimilando innumerables elementos que nada tenían que ver con su origen, olvidando o incluso negando, sus raíces ancestrales. Su mezcla con pueblos de Europa y de Oriente Medio, han dejado una huella indeleble en su idioma, en su ascendencia, en su cultura y en su sociedad.

(Si queréis vivir la emoción y el profundo sentimiento de las danzas gitanas a lo largo y ancho del mundo, os recomiendo el documental “Latcho Drom” de Tony Galif, dónde se ven las diversas influencias entre las danzas y las músicas de distintas etnias gitanas. ¡No os lo perdáis. Va directo al corazón! (Aquí tenéis cuatro bellos fragmentos del estupendo documental, empezando por los gitanos de Hungría y de Egipto, los de la tribu Kalbhelia del Rajasthan (Norte de India) y los gitanos del sur de España.
+ info – Libro estupendo de Los Gitanos / El contacto entre el español y el caló

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DANZA Y RELIGIÓN

Antes de seguir con el orden cronológico de la historia, es conveniente incluso necesario, echar una mirada de cómo los prejuicios religiosos han intentado reprimir y hasta suprimir todo lo relacionado con la música y la danza, la feminidad y la expresión a través del movimiento corporal; en definitiva: de la libertad.

La danza oriental ha sido rechazada por las tres religiones más intolerantes de la historia: la judía, la cristiana y la musulmana.

La posición del judaísmo y del cristianismo en oriente ha oscilado siempre entre la prohibición total y una persecución más o menos encubierta. La actitud de la iglesia católica a partir del siglo V ha sido casi siempre restrictiva (salvo raras excepciones) y la mayoría de las veces ha rechazado la danza, por encontrar contenido sexual e indecoroso en ella; pero las tradiciones paganas siempre han mantenido vivas en su memoria y costumbres las danzas primigenias, aún a pesar de las represiones religiosas.

También los pueblos árabes pre-islámicos (considerados paganos) siempre han sido grandes amantes de la danza, junto con la música y las artes.  Este período, conocido como Yahilí (o edad de la ignorancia), realmente también fue una época dorada para la poesía, alcanzando un gran esplendor. 

Con la venida del Islam, aunque las artes siguieron evolucionando favorablemente por un cierto tiempo, como veremos en el siguiente capítulo, la situación cambió radicalmente en la conciencia popular. La danza fue despojada de cualquier significado sagrado y religioso, permaneciendo así hasta nuestros días.

Aunque el Corán no prohíbe la danza expresamente, el Islam rechaza la danza oriental principalmente porque la bailarina muestra gran parte de su cuerpo, aspecto inconcebible e inmoral de esta religión para con la mujer árabe, que no debe mostrar su cuerpo más que a su marido, ya que según la tradición, el profeta Mahoma afirmó que cuando una mujer llega a la edad de la menstruación, sólo debe dejar a la vista de los demás, el rostro y las manos.

Mujer VeladaComo podemos observar, la desnudez pasó de ser algo sagrado y religioso (como en el Egipto faraónico) a ser algo completamente repudiable y vergonzoso, con la venida del Islam. De hecho, la danza siempre ha sido la misma, lo único que cambiado, es la manera que ha tenido el ser humano de mirarla y juzgarla, siempre bajo sus propios prejuicios.

Sin embargo, ni la religión más restrictiva ha podido impedir que la danza oriental haya llegado a nuestros días, a través de esas maravillosas mujeres que han sido las bailarinas populares, haciéndolo posible a lo largo de la historia a pesar de las dificultades. De hecho, el papel de la mujer ha sido primordial en la transmisión de la danza, como veremos a continuación.

Como diría el propio Shokry Mohamed: las bailarinas populares de todos los lugares han sido, son y serán siempre, portadoras de la historia de la vida.

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SIGLO VII – LOS HARENES Y LA HÉGIRA:

Emigración musulmana de la Meca a Medina (622)

Esta es una época de luces y sombras, que va desde el refinamiento más exquisito de las artes, hasta el pozo más hondo del oscurantismo. Es una época de harenes, califas y esclavos, que ha servido de inspiración para los posteriores pintores y escritores de los siglos XVIII y XIX. Para no hacerlo demasiado extenso, me limitaré a destacar los puntos más relevantes de este importante período histórico que comienza en el 622.

- El Califa señaló este año (622) como el 1º de la era musulmana.

- Se prohíbe la representación pública de danza y canto.

- Estas artes se mantienen únicamente en las cortes de los califas junto con la música, la poesía y la pintura.

- La mayoría de los artistas eran esclavos, pero algunos de ellos muy cultivados y apreciados por su amplia cultura. Surgió la refinación en todas las artes. Las  mujeres con más talento eran instruidas en danza, música, poesía, canto, filosofía, matemáticas, astronomía o la salmodia del Corán.

- Las esclavas llamadas “las animadoras” eran las más destacadas en este aspecto y gozaban de mucha más libertad de movimiento que sus compañeras, ya que vivían con su señor y asistían a todos los banquetes, fiestas y recepciones que se ofrecían en palacio, ya que ellas bailaban para el califa y sus invitados de honor.

No se dejaba estar presentes en estos espectáculos a las otras mujeres del harén, que se limitaban a mirar por las celosías. Después del espectáculo, la bailarina bailaba para ellas en la intimidad. Las otras mujeres participaban cantando, bailando y tañendo instrumentos musicales. Ningún hombre, excepto del señor de la casa, tenía permiso para estar presente en estas celebraciones.

- Los califas competían entre ellos a ver quien tenía mejores esclavas. Algunos de ellos gastaban verdaderas fortunas financiando la educación de algunas de ellas, no solo para alardear ante sus invitados, sino para revenderlas, ya que cuantas más artes dominara una esclava, más alto era su precio en el mercado. Otras veces sus intenciones iban más allá de los intereses comerciales o de la pura competencia con otros califas, “donando interesadamente” algunas de sus más preciadas y cultivadas mujeres como obsequio a otros palacios, o a los propios jefes de su ejército, para que hicieran de espías y les revelaran los secretos más escondidos de sus nuevos señores…

- Pero no todo eran intereses creados. Habían algunos que llegaban a enamorarse profundamente de alguna de sus esclavas, haciéndolas incluso las señoras de la casa. A veces ese amor era correspondido por ellas de una manera sincera,  pero no hay que olvidar que las esclavas también eran conocidas por el arte del engaño, que aprovechando la devoción de su señor, se aseguraban de sacar el máximo partido de la situación para su propio beneficio, ya que debido a la situación de la mujer en esa época, se veían obligadas a realizar diversas artimañas para sobrevivir en un mundo de esclavitud extremadamente hostil.

- La influencia de las esclavas llegó a ser tan prominente que llegaron a ser la primera fuente testimonial en los juicios. Fue tan grande su poder que cuando el Califato Abasí llegó al poder (750-1258), se ordenó registrar a todas las esclavas que entraban en los palacios. Aunque no todos los gobernantes actuaron del mismo modo. El califa Harún Al Rachid fue el primero que les permitió vivir en su alcázar. A consecuencia de esto, la mayor parte de su descendencia tuvo madres esclavas. A partir de ese momento, las esclavas comenzaron a ser protagonistas de numerosas intrigas palaciegas y muchas de ellas jugaron papeles decisivos.

- 1258 se radicaliza el Islam y comienza el declive de las artes. Dejando aparte el ambiente de los harenes (que también vivió su particular declive) el resto de las mujeres (¿libres?) relegan definitivamente la danza, únicamente a la intimidad de sus casas.

+ info:  el libro “La Danza mágica del vientre” por Shokry Mohamed.
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SIGLO VIII
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Por si no fuera poco con la radicalización del Islam, una vez más, la danza encuentra otro sagaz detractor: el gran emperador Carlomagno, que prohibió enérgicamente todo tipo de danza, pero a pesar de la gran autoridad de dicho emperador, la ley dictada no fue del todo respetada. La danza continuó como parte de los ritos religiosos en los pueblos europeos aunque camuflados con nuevos nombres y nuevos propósitos. Además Carlomagno no sólo prohibió la danza, si no que también impuso otras reglas que prohibían algunos tipos de estudio y conocimiento.

A mediados de esta oscura edad, la iglesia finalmente tomó una firme decisión frente a estos hechos, y sintiéndose ya una institución fuerte y poderosa, tomó cartas en el asunto y contradijo las leyes que había dictado el emperador. Así que nuevamente algunas danzas se incorporaron en los ritos religiosos. (La iglesia por una vez, hizo lo correcto, aunque dudo que la movieran únicamente los intereses culturales, sino más bien, sus ansias de poder y control sobre cualquier gobernante que se interpusiera ante sus deseos).

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SIGLOS VIII – XV

Realmente durante estos siglos hay un silencio casi sepulcral a lo que la danza oriental se refiere. Podemos encontrar algunos testigos mudos de danzas similares, en joyas y adornos pertenecientes al periodo fatimí (911-1171), caracterizado por un decoro más bien estricto respecto a la danza.

Después comenzaron tiempos de adversidad para el pueblo egipcio desde 1250 (llegada de los mamelucos) hasta el 1517 (en el que su reinado terminó). En su época el Cairo sufrió una epidemia de peste en 1348 y los negocios entre Egipto y Europa, paralizaron el crecimiento de la ciudad y trajo el declive de Al-Fustat como puerto, desviándose el comercio a los puertos del Mediterráneo.

Pero a pesar de estas circunstancias, la danza siguió desarrollándose en la intimidad de los palacios. El país era gobernado por sultanes y por los ya mencionados príncipes mamelucos, que se diferenciaban de sus antecesores (los fatimíes) por saber disfrutar manifiestamente de todos los placeres artísticos. El sultán “Al Mansur Qalawun” (1291) mandó levantar la “Dahisha”, una especie de sala destinada a la música y la danza, frecuentada por las “risat”, que eran unas bailarinas que solían dirigir grupos artísticos.

Bailarina en Palacio

Aunque después de esa época, vuelve a haber un absoluto oscurantismo acerca de la evolución por la que pasó esta danza. Un largo silencio de casi 7 siglos (del siglo VIII al XV) en los que apenas hay referencias escritas que hablen de este arte (con pequeñas menciones en el siglo XIII, pero poco más).

La danza desapareció de los libros hasta los siglos XVI-XVII, con tímidas menciones, pero realmente no recuperó su auge hasta los siglos XVIII-XIX a través de las pinturas y relatos de los diversos viajeros que visitaban Egipto por aquél entonces.

En estos últimos siglos, este arte siguió un camino hacia la degradación. De hecho, muchos de los testimonios que nos han llegado de la época, representan esta danza como algo casi avergonzante, debido sin lugar a dudas, a los prejuicios morales de quienes la presenciaron.

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SIGLOS XVI – XVII
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En Egipto por aquél entonces, la danza se bailaba en locales de dudosa reputación, mezclándose a veces con la prostitución. Es bien sabido, que la mayoría de bailarinas populares de la época tenían una procedencia humilde o esclava.

Atrás quedaron los refinamientos de épocas pasadas, considerándose ahora las bailarinas, poco más que rameras. Todos sabemos que la prostitución siempre ha sido una salida para la subsistencia de las mujeres pobres, aunque eso no quiere decir que todas las bailarinas se dedicaran a ello.

Ellas tenían un fuerte estigma de bajo extracto social (que sigue permaneciendo hoy en día en muchos lugares)  así que esta profesión terminó degradándose, hasta considerarse algo indigno para una mujer respetable.

Las mujeres “decentes”  únicamente bailaban en privado en fiestas familiares o simplemente para su diversión y la de sus amigas, siempre lejos de las miradas indiscretas masculinas.

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SIGLOS XVIII –  XIX – LOS ORIENTALISTAS
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Desde luego, ésta fue una época de resurgimiento para todo lo que tuviera aroma oriental. Después de varios siglos de oscurantismo y silencio, pintores, escritores, periodistas y poetas llenaron sus pinturas y sus relatos de sensuales mujeres orientales, de harenes y de esclavas; pero antes de entrar en detalle sobre los orientalistas y sus obras, veamos qué tipo de danzarinas había y en qué contexto social se movían.

La danza callejera era muy popular por aquél entonces, pero las bailarinas que la ejecutaban no estaban muy bien vistas. (Esta  doble moral siempre ha sido muy característica del pueblo egipcio y del árabe en general).

Las cosas, como podemos ver, no cambian demasiado en el siglo XVIII, ya que la danza pública sigue estando reservada a esclavas, prostitutas y gitanas (gawazi), de las que hemos hablado anteriormente en el capítulo dedicado a los gitanos, y que tampoco gozaban de muy buena reputación en Egipto, debido supongo a su vida errante.

Gawazi in Cairo 19th century

Estas gitanas, acompañadas por algunos músicos, se instalaron en la periferia de las ciudades egipcias y se ganaban la vida gracias a sus espectáculos callejeros, aunque también se dedicaban a hacer tatuajes, a realizar la circuncisión a los recién nacidos o a la adivinación a través de conchas y arena o a través de la lectura de la taza. Su danza se basaba particularmente en los movimientos bruscos de cadera, sin demasiados desplazamientos ni florituras, fijándose seguramente, en las campesinas egipcias y en los bailes folklóricos de la época. De ellas se dice que popularizaron el famoso pañuelo de monedas, ya que se cosían en las faldas las monedas que la gente les echaba. También era muy común verlas tañer los crótalos (castañuelas de metal) mientras bailaban.

Esta cabila no era de origen egipcio. Tal y como comentamos antes, es bastante claro que eran de procedencia gitana, probablemente pertenecientes a los “Nawar”, descendientes directos de los gitanos “Rom”, que emigraron al sur de Egipto en la época medieval.

Algunas bailarinas callejeras decían pertenecer a las gawazi sin ser cierto. Estas gitanas se distinguían de otras bailarinas porque se casaban solo con hombres de su misma cabila. Cuando una de ellas decidía casarse, se retiraba de este oficio arrepintiéndose de él, sin que eso representara un menosprecio de su honor.

MMMGawazi de finales de siglo XIX                 Gawazi en los años 80 aprox. (S.XX)

Las bailarinas bailaban en los patios, en las puertas de las casas, en festivales, ferias y mercados, frecuentemente acompañadas por juglares, músicos y encantadores de serpientes; no podían faltar tampoco en las celebraciones especiales como las bodas o cumpleaños; también eran requeridas en fiestas particulares. Las malas lenguas decían que las bailarinas que iban a este tipo de festejos eran las más desprestigiadas, ya que bebían alcohol para desinhibirse, y sus danzas terminaban siendo poco decorosas. Había también otro tipo de bailarinas (casi siempre relacionadas con la prostitución) que se ofrecían a las mujeres de las casas, no para el entretenimiento, sino para enseñarles el arte de la seducción.

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Pero, afortunadamente, no era el único panorama cultural de la época. Los artistas que actuaban para la sociedad más pudiente y aristocrática, hacían gala de sus conocimientos poéticos, musicales y culturales, acrecentando así su caché. A este tipo de mujeres se les llamaba “Qaina” (por ser herederas del bíblico “Caín”, o eso decían). Ellas, para seguir cultivándose estudiaban las más diversas artes en escuelas especializadas. Hay constancia de que en la España de la época, existieron algunas de estas academias.

Años más tarde, surgieron las Awalim (las que saben), que eran mujeres libres, muy educadas y de gran cultura, que actuaban solo para las más exquisitas élites. Se dice que descendían de las más cultas mujeres de los harenes. También podían ser perfectamente las hijas y nietas de las “Qaina” anteriormente mencionadas.

Bailarina del Harén

Después de la conquista de Egipto por Napoleón en 1798, las Awalim (musas de inspiración para los orientalistas) se van para no tener que dar pleitesía a los conquistadores y sobre todo, para que no se las confunda con las gitanas “Gawazi” que aunque ahora nos resulte un colectivo atractivo a imitar, debemos recordar que en aquella época no gozaban de muy buena popularidad. Las awalim volvieron de nuevo al Cairo, una vez ya se habían marchado las tropas francesas.

En 1834, las gawazi son expulsadas definitivamente del Cairo por el gobernante egipcio que reinó después de Napoleón, Mohamed Ali, que prohibió la danza en la vía pública. Algunas bailarinas quisieron burlar la prohibición, pero Mohamed las desterró a la ciudad de Esna (a 1.000 km al sur del Cairo), aunque ellas se establecieron en otras ciudades como Edfú y Luxor. No se les permitió regresar hasta 1866.

Aprovechando el exilio de las gawazi, muchos bailarines de la época las sustituyeron de inmediato, danzando frente al público masculino, a menudo, disfrazados de mujeres, debido a que la separación de sexos fuera del hogar se mantenía de manera muy estricta y obviamente, también se aplicaba a los espectáculos y actos públicos (por eso las bailarinas estaban tan mal vistas).

Durante estos dos siglos, como anunciábamos al comenzar, en Occidente se comienza a poner de moda un cierto gusto por todo lo exótico y oriental, llegando a su auge con la conquista de Egipto por parte de Napoleón. Muchos pintores, escritores y poetas de la época, comienzan su particular peregrinación a oriente en busca de todo lo exótico que emanaba de esas tierras, dando lugar al período conocido como de “Los Orientalistas“.

Artistas como Lord Byron, Víctor Hugo, Delacroix, Théodore Chassériau, Mariano Fortuny, John Singer Sargent, Alexandre Roubtzoff, Jean Leon Gerome, Paul Louis Bouchard entre otros, plasmaron en sus obras su personal visión (a veces un tanto distorsionada) de la cultura árabe y cómo no, de las mujeres y sus danzas que tanto les llamaron la atención.

Muchos de ellos empezaron a poner de moda los estereotipos conocidos hoy en día relacionados con la mujer oriental, a veces, bastante alejados de la realidad. Algunos en su imaginería, representaban a las mujeres de los harenes desnudas y en actitudes un tanto extravagantes, quizás con la intención de escandalizar o impactar a la pudorosa y cristiana sociedad occidental de la época.

Harén

A finales del siglo XIX todo lo relativo a las danzas exóticas de oriente seguía despertando muchísimo interés, aunque los grabados que nos han llegado las reflejan con cierta degradación, contrastando con las pinturas de principio de siglo, en las que podíamos ver elegantes y refinadas danzarinas. En su lugar, ahora solo destacan las figuras de bailarinas más bien vulgares; pero a pesar de todo, las danzas y las mujeres orientales, seguían despertando una intensa fascinación.

Una fascinación, que se incrementada por la información que llegaba, a través de los colonizadores españoles y franceses, que estrechaban cada vez más sus relaciones con el norte de África. Está muy bien documentada por ejemplo, la presencia francesa en Argelia, de donde nos han llegado gran cantidad de pinturas y fotografías de la época. Las indígenas cobraban altos precios por ofrecerse como modelos, debido a la gran cantidad de artistas que había en este país.

Gracias a ellos tenemos numerosos registros de la tribu de las ouled nail, que a menudo se confunden con las gawazi, ya que comparten bastantes similitudes. Estas bailarinas argelinas, concretamente del desierto de Erg, llevaban una vida errante desde su más tierna infancia.

Estas jovencitas se desplazaban de oasis a oasis de la mano de mujeres más experimentadas de su misma tribu, que las instruían tanto en danza como en las artes amatorias, ya que la mayoría combinaban la danza con la prostitución, hasta que conseguían suficiente dinero para reunir la dote necesaria y así, poder casarse o reincorporarse a su familia de nuevo si así lo deseaban; la otra opción era dedicarse a guiar a las más jóvenes, como otras habían hecho con ellas.

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Además, gozaban de mucha más libertad que el resto de las mujeres árabes de la época, así que supongo que muchas de ellas preferían seguir con este tipo de vida en lugar de formar una familia, con las restricciones que eso suponía.

Las ouled nail destacaban por llevar extrañas joyas repletas de monedas que les cubrían el rostro y parte del pecho (muchas veces mostrándose desnudo) que han inspirado en gran medida la estética del tribal americano, tan popular hoy en día.

+ info sobre tribal

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Aquí os dejo los trabajos de los fotógrafos suizos Lehnert y Landrock que fueron unos de los primeros en inmortalizarlas, dejándose fascinar por su extraordinaria juventud y belleza.

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RESURGIMIENTO ARTÍSTICO EN EL CAIRO

Egyptian Dancing Girl 1884Pero situémonos de nuevo en el Cairo y en su renacer artístico. Para ello debemos viajar hasta 1870, que fue un año de máximo esplendor para la danza egipcia. Por aquel entonces, la vida artística de la ciudad se concentraba en un solo lugar: la calle Mohamed Ali, que tomó este nombre en 1845, en honor al gobernante de mismo nombre, que prohibió la danza callejera y que expulsó a las gawazi del Cairo. ¡Irónico destino!

Pues precisamente en esta calle es donde años después, se realizarían la mayor parte de los espectáculos de la ciudad y donde vivían la mayor parte de los artistas. Las Awalim, mencionadas anteriormente, vivían aquí con sus músicos cuando regresaron a Egipto (recordemos que se marcharon voluntariamente para no rendir pleitesía a Napoleón y sus tropas).

De esta calle surgieron los mayores exponentes del cante y del baile egipcios, y es dónde también se origino el teatro ambulante, que visitaba aldeas y pueblos cercanos representando teatro y danza. Los artistas aquí vivían en su propio ambiente, lejos de ajenas incomprensiones culturales, favoreciendo de esta manera las relaciones matrimoniales entre sí.

Las bailarinas de la época que gozaban de buen caché, normalmente dirigían sus propios grupos musicales. Una de estas importantes bailarinas fue Shawq, que alcanzó gran fama en el 1871. Solía bailar con el rostro cubierto, dándole mayor misterio a su danza. De ella se decía que atraía las miradas de todos los espectadores, que la contemplaban admirados.

Después de Shawq, surgieron otras muchas que decían ser sus discípulas, pero hubo una, que destacó de entre todas las demás, llamada Shafiqa la Copta, (debido a que era una devota practicante del Cristianismo), que alcanzó altas cotas de popularidad, siendo muy admirada por sus seguidores. Decían de ella que sólo con su mirada la gente se quedaba muda.

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Shafiqa abre la sala “Mil y una noches” en el centro del Cairo, donde dirige un programa artístico lleno de música, danza y canto, llenándose de los personajes más importantes y refinados de la época. En una de esas brillantes noches, un empresario francés que visito el local, le propuso participar en la próxima exposición universal de París. Shafiqa aceptó encantada y viajó hasta Francia; corría el año 1900 (aunque algunos autores lo sitúan en el 1917, en ese año no hubo ninguna Exposición Universal en París). (Ver listado de las ferias.)

Shafiqa como de costumbre, deslumbró a todos con su danza, consiguiendo así el primer premio. Ganó muchísimo dinero durante toda su carrera (los zapatos que lució en París, tenían el tacón de oro y diamantes) y podemos decir sin exagerar, que llegó a nadar en oro literalmente, pero a causa de su alto tren de vida y de su extrema generosidad con los más necesitados, murió en 1926 en la pobreza más absoluta y enferma de gravedad.

Su vida pasó por la novela de la mano de la gran bailarina Tahía Carioca. También el cine se enamoró de su historia y su vida fue llevada a la gran pantalla en 1963 por el director Hassan Al Imam con el título de “Chafika el Keptia” y protagonizada por la bailarina y actriz Hind Rostom, apodada “la Marilyn Monroe de Oriente” por su gran parecido; también se la comparaba con Rita Hayworth. Aquí os dejo unos fragmentos de la película.  Muestra 1 / Muestra 2

+ info sobre Shafiqa la Copta en El Reinado de las Bailarinas por Shokry Mohamed
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LAS FERIAS UNIVERSALES

Las ferias universales comenzaron el año 1790 en París, aunque solo nos centraremos en las más relevantes en lo que a historia de la danza se refieren, así que mencionaremos las tres más significativas: La feria de Paris en 1889 , la de Chicago en 1893 y la de 1900 nuevamente en París.

PARIS 1889

La feria de 1889 tuvo como símbolo principal de la exposición la Torre Eiffel, completada ese mismo año y que servía como arco de entrada a la Feria. 1889 era una fecha especial, ya que se cumplían 100 años de la toma de la Bastilla (un acontecimiento tradicionalmente considerado como el símbolo del comienzo de la Revolución Francesa) y de la proclamación de los principios de libertad, igualdad y fraternidad, que sirvieron de inspiración para la independencia de muchas naciones en la tierra.

Sin embargo, el lamentable baño de sangre real que sucedió a la Revolución Francesa, cohibió a las monarquías europeas de entonces, como Inglaterra y Prusia, a participar en la Exposición. A pesar de ello, hubo 32.250.297 visitantes que pudieron admirar las muestras de arte, arquitectura y los más punteros avances tecnológicos de la época, que procedían de distintos lugares de Europa, Sudamérica, Estados Unidos y de las colonias francesas (entre las cuales destacaban diversos lugares del norte de África).

Una de las atracciones que más llamaron la atención fueron el bazar egipcio y la “Rue du Caire” (la calle del Cairo) dónde recrearon una calle egipcia con todo lujo de detalles, con sus restaurantes típicos, sus tiendas y cómo no, con sus danzas callejeras. Por las descripciones que nos han llegado de aquellas mujeres, debían ser un grupo de “Ouled Nail” procedentes de Argelia o un grupo de “Gawazi” (gitanas egipcias).

Aquellas bailarinas desde luego fueron toda una revolución. En aquella época no se concebía más danza que la clásica, así que una mujer bailando descalza, con el pelo suelto y moviendo separadamente el vientre del resto del cuerpo de una manera tan descarada, era como mínimo escandaloso, por no hablar de que enseñaban los tobillos y no llevaban corsé (algo muy mal visto en una mujer). Así que la reprimida sociedad victoriana tuvo que “alucinar” literalmente. En esta feria es donde se acuñó el término “Danse du ventre”. Aquí podéis ver una muestra general de la feria (en inglés) con imágenes reales de la época.

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CHICAGO 1893

Otra feria que marcó un antes y un después en la danza oriental fue la realizada en Chicago en 1893. La exposición trató sobre el tema del cuarto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. La feria tuvo un fuerte efecto en la arquitectura y el arte de Chicago. Participaron 19 países sobre una superficie 290 hectáreas y hubo 27.500.000 visitantes. La exposición sirvió también para demostrarle al mundo que la ciudad había podido recuperarse del Gran incendio de Chicago, que había destruido gran parte del la ciudad en 1871. Había numerosos pabellones que mostraban grandes maravillas, pero hubo uno de ellos, que destacó prominentemente de los demás y fue, cómo no, la calle del Cairo.

El promotor artístico (y congresista del parlamento de los Estados Unidos) Sol Bloom, había quedado prendado de las bailarinas norteafricanas que había visto en la Exposición Universal de Paris en 1889, anteriormente mencionada. Así que, como encargado de la zona de espectáculos de la feria, introdujo la atracción de la calle del Cairo en la feria de Chicago, recreando al igual que en París, el ambiente del Egipto de la época con todo lujo de detalles, representando su vida cotidiana.

Allí presentó un show llamado “The Algerian Dancers of Morocco” (bailarinas argelinas de Marruecos), en la que participaron bailarinas argelinas (de la tribu ouled nail), gitanas gawazi de Egipto, y bailarinas de otras regiones del norte de África. Según los datos oficiales del evento, se vendieron 2.250.000 entradas para poder disfrutar de esta calle; y podemos imaginar porqué.

El término “Danza del Vientre” se volvió a introducir como reclamo en los carteles que anunciaban los espectáculos y aunque las danzas representadas, según los testimonios gráficos que nos han llegado, parecen aceptables y bastante respetuosos con sus respectivos orígenes, en las que las bailarinas no mostraban más parte desnuda que sus tobillos, parece ser que eso no fue suficiente para impedir la indignación de los visitantes. Aunque ahora nos parezca exagerado y hasta absurdo, hay que recordar que nos hallamos ante de la reprimida y encorsetada sociedad victoriana de finales del siglo XIX, en la que una mujer que movía los pechos y las caderas de esa forma, por muy tapada que se mostrara, no dejaba de ser algo inmoral y obsceno.

Ver video de la feria (en inglés)

De igual modo que la feria de París fue la tarjeta de presentación de la danza oriental en Europa, la feria de Chicago lo fue para América. Pero además, hubo un escurridizo personaje, que hizo de esta feria un “boom mediático” de la época. Hablamos como no, de la misteriosa “Little Egypt” (pequeño Egipto), que sin duda, merece un capítulo aparte.

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LITTLE  EGYPT – EL MITO

Según la prensa de la época, hubo una bailarina que fue la sensación de la exposición; algunos iban más allá y decían que había salvado económicamente la feria con sus representaciones de danza. De ella también se dijo que llamaba más la atención que el telescopio de seis toneladas que se exhibía en la exposición, pero en realidad, nadie sabe con claridad la identidad o procedencia de esta bailarina.

Sol Bloom en su biografía, asegura que no contrató a nadie bajo ese pseudónimo, aunque eso tampoco es garantía de que no la hubiera, ya que algunas fuentes aseguran que sólo era llamada así entre bastidores por los otros artistas, debido a su corta estatura y que en realidad, era una bailarina siria llamada Farida Mazar Spyropoulos, que formaba junto con otras danzarinas, el grupo de las “Raqs Dancers” anunciadas por Bloom como “The Algerian Dancers of Morocco” (bailarinas argelinas de Marruecos), aunque ella fue anunciada artísticamente como Fátima y bailó nada menos que una canción compuesta por el mismo Sol Bloom.

La reconocida historiadora de danza oriental Wendy Buonaventura, en Serpent of the Nile, apoya a Farida como la auténtica “Little Egypt”. Al parecer también bailó en Skagway y en Klondike, antes de su aparición en la feria de Chicago, sumiéndose en la oscuridad después de este evento.

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Fátima Djemille

Una firme candidata, que bien pudo ser esta enigmática bailarina fue Fátima Djemille. De ella se dice que fue la primera bailarina oriental popular en Estados Unidos. La gran investigadora y maestra de la danza oriental (y creadora de la danza tribal) Jamila Salimpour apuesta por ella como la auténtica “Little Egypt”, afirmando que también había sido vista en Wichita en 1882, donde también actuó. Además, Fátima fue filmada por Thomas Edison en 1896, en un film etiquetado de inmoral llamado “Fatima’s cochee-cochee dance”, famosa por ser una de las primeras películas censuradas por franjas oscuras, (hechas por un comité de censura en el Chicago de 1907) que tapaban las partes pudorosas de la bailarina (pecho y caderas) mientras se movía, según la moral de la época, indecorosamente. Digamos que fue el ejemplo victoriano del “peep show” actual. Estas filmaciones se proyectaban en privado para públicos especiales, que supuestamente pagaban buenas sumas de dinero para poder visionar estos films prohibidos, aunque en muchas ocasiones, estas proyecciones eran detenidas bruscamente por la policía, por ser consideradas inmorales. El pase del film “Fatima’s cochee-cochee dance” fue uno de estos casos.

En este video podemos ver una danza asombrosamente parecida a como se realiza actualmente. Fátima baila ejecutando un exuberante shimmy de hombros, donde los pechos se mueven libremente. También podemos apreciar un shimmy de caderas conocido como “Hagallah” (shimmy 3/4), muy habitual en los estilos folclóricos.

Eso es magnífico, ya que demuestra que la danza oriental, tal y cómo se conoce hoy en día, existe desde hace por lo menos 115 años.

Afortunadamente he conseguido encontrar una pequeña muestra de este film. Aquí podéis disfrutar de unos fragmentos del video de Fátima.

Fatima’s cochee-cochee dance”  por Thomas Edison (Versión sin censurar)

Hay otro video que circula por la red con el nombre de “Little Egypt” en el que se mezcla el video de Fátima con el de otra exhuberante bailarina, de la cual no sabemos su identidad y que también es muy ilustrativo. ¿Os imagináis la impresión que debió causar semejante danza en los espectadores de la feria?

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Ashea Wabe

Y para finalizar tenemos una última candidata. Su nombre es Ashea Wabe. Se convirtió en noticia de primera plana en 1896 (3 años después de la feria de Chicago) después de bailar en una despedida de soltero de la Quinta Avenida para Herbert Seeley, dónde protagonizó un fugaz “súcces de scandale”.

Un bailarín rival informó falsamente que Wabe iba a bailar a desnuda y la fiesta fue clausurada por un pelotón anti vicio bajo cargos de inmoralidad. Más tarde fue contratada por el empresario de Broadway Oscar Hammerstein, en el que aparecía haciendo de ella misma, en una parodia humorística de la cena de Seeley. Después de esta pequeña incursión en la revista, cayó en el olvido, excepto por una serie de fotografías tomadas por Benjamin Falk, como la que encabeza esta sección.

Donna Carlton, quien ha escrito el documento más extenso y bien documentado acerca de esta enigmática figura, en su libro Looking for Little Egypt, (que recomiendo encarecidamente) apuesta firmemente por Ashea Wabe como candidata. Aunque he de decir, con todos mis respetos para Donna Carlton, que no creo que Ashea fuera la auténtica “Little Egypt”, ya que ella saltó a la fama 3 años después de la exposición en Chicago, por el escándalo antes mencionado, usando simplemente ese apodo como nombre artístico.

Además hay que recordar, que a causa del tremendo éxito de la verdadera “Little Egypt” en la exposición universal, tiempo después se desató una fiebre de “Little Egypts” por todo lo largo y ancho de América. Diversas cabareteras de poca monta, salieron de repente usando ese mismo nombre artístico en cabarets de escasa categoría, actuando en espectáculos de poca (o nula) calidad artística, bastante alejados de los auténticos bailes orientales.

Otros autores, sin embargo, optan por la cómoda resolución de que “Little Egypt” ni siquiera existió y que simplemente fue un revuelo mediático del momento  para dar auge a la feria. En mi modesta opinión, apuesto por Fátima Djemille (la bailarina de “Fatima’s cochee-cochee dance”) como la autentica “Little Egypt”, aunque he de reconocer, que también es posible que lo fuera la bailarina siria Farida Mazar. La verdad, es que hoy en día los historiadores todavía debaten ardientemente su auténtica identidad.

De todas maneras, fuera quien fuese esta enigmática “Little Egypt”, la verdad es que despertó en las gentes de la “Belle Époque”, una mezcolanza de irritación y secreto deseo, que dejaba al descubierto las carencias que causó la fuerte represión de la sociedad victoriana.

La historia de esta fascinante y escurridiza bailarina, fue llevada al cine en1951, representada por la bella Rhonda Fleming.

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PARIS 1900

Finalmente terminaré con una breve mención a la Exposición Universal de París en 1900, aunque prácticamente no hay muchas novedades respecto a las dos anteriores. Actuaron varias bailarinas del norte de África, con el consecuente alboroto de los visitantes, como de costumbre.

Cabe mencionar la aparición de la bailarina egipcia Shafiqa la Copta, mencionada anteriormente con detalle,  que ganó el primer premio gracias a su magnífica actuación, seguramente con su danza del candelabro (Shamadan), que tanto la popularizó. Aquí os dejo unas bellas muestras de la feria. Video 1Video 2

Si queréis saber más acerca de las danzas que se realizaban a principios de siglo, no dejéis de ver estos videos de la época, filmados por Thomas Edison entre otros.

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Ella Lola – 1898 / Crissie SheridanPrincess Rajah Dance / Annabelle – Serpentine Dance

A Nymph of the Waves / Dance, Franchonetti SistersElla Lola, a la Trilby / Carmencita (1894)

Si queréis disponer de todos los films que realizó el conocido inventor estadounidense Thomas Edison, tenéis a vuestra disposición esta impresionante colección que recopila toda su obra. Comprar.

Más adelante, seguiremos con la historia y evolución de esta maravillosa danza, dónde abordaremos con detalle el cercano y maravilloso siglo XX.

Artículo de Bianca Surgaly

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Bibliografía:

“Una nueva ciencia de la vida” por Rupert Sheldrake

Las ciudades perdidas de Lemuria” del investigador David Haycher Childress.

La Danza mágica del vientre” por Shokry Mohamed.

Los Gitanos” por Angus Fraser

La Danza Oriental” por Devorah Korek

“Serpent of the Nile” por Wendy Bonaventura

El Reinado de las Bailarinas” por Shokry Mohamed.

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